La detección temprana es la clave
La diferencia entre un episodio de laminitis que termina siendo una anécdota y una laminitis que se convierte en un problema crónico puede estar, en muchos casos, en la rapidez con la que se identifica y se interviene.
Los primeros signos pueden ser sutiles: cambios en la movilidad, sensibilidad al caminar, aumento de temperatura del casco, pulso digital más marcado, cambios de postura o una ligera resistencia al movimiento.
Esperar a que el caballo presente una cojera intensa puede significar que el proceso ya ha avanzado.
Cuanto antes se detecte la laminitis, antes se puede intervenir y mayor será la posibilidad de limitar el daño estructural. Por eso, ante cualquier sospecha de laminitis, es fundamental realizar una evaluación veterinaria inmediata, complementada cuando sea necesario con pruebas de imagen como radiografías y una valoración detallada del equilibrio y las estructuras del casco.
